Convivencia y más
IES CARDENAL HERRERA ORIA

Categorías

Archivos

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Únete a 1 suscriptor

Estadísticas del sitio

  • 169 visitas

La disciplina y el buen comportamiento


LA DISCIPLINA Y EL BUEN COMPORTAMIENTO EN LA ESCUELA Y EL HOGAR

Si UD. mi querido maestro, padre de familia, hacen una reflexión profunda sobre la disciplina, se va a dar cuenta que ésta no es un instrumento de educación (conforme a veces se cree). Es al revés, la disciplina es uno de los logros de nuestra educación. Es decir, es el resultado de la educación que brindamos.

UNA DE LAS GRANDES IMPERTINENCIAS QUE COMETEMOS LOS PADRES DE FAMILIA POR EJEMPLO ES HACER LA TAREA A NUESTROS HIJOS. ELLO TAMBIÉN GENERA INDISCIPLINA, PEREZA Y DESIDIA.

Por ejemplo, nos cansamos de hacer normas de convivencia, repetir reglas, formas de comportamiento, condicionar a nuestros hijos, Reglamento interno. Amenazamos con la sanción, la expulsión, dejar sin recreo, sin propina, llamar a los padres, etc. Y, la indisciplina sigue igual o peor, sobre todo cuando no estamos presentes. La disciplina no es parte de la naturaleza humana, son condiciones que es preciso crear por medio de la  ducación y sobre todo la persuasión.

Por el miedo se puede bajar la indisciplina,
 es decir la imposición de leyes o reglas, pero el contexto es hostil, indiferente, incumplimiento de aquellos que deben ser los primeros en cumplir, decimos no mentir y somos los primeros en hacerlo, entonces algunos niños y jóvenes retan al sistema con un comportamiento diferente a loestablecido, nos retan a los maestros, a los padres, se vuelven rebeldes. ¿Qué se ha logrado? Nada más que un régimen que no sólo no responde a los intereses de una buena disciplina, sino también un régimen que no se cumple.

En el caso de los maestros, es común observar en algunos una doble actitud: Cuando están entre ellos, son alegres risueños y desenvueltos y, cuando entran al aula, se ponen rígidos, serios, con rostro adusto y severo. Se transforman en “autoridad”.- “Si no éstos (alumnos) no me hacen caso”-. Dicen.

En el caso de algunos padres, lo único que hacen para lograr “obediencia” es gritar o castigar. Todos nos olvidamos de la persuación que debe ser permanente, no flor de un día.

Ahora bien, tiene que haber una “buena disciplina”, pero ésta tiene que ser racional y justa y el que cumple tiene que estar consciente de ello, es decir participar, proponer y aprobar y luego aplicarlo voluntariamente. Necesitamos entonces una disciplina justa y racional, consciente y voluntaria. ¿Cómo lograrlo?:

1.- El maestro debe hacer el esfuerzo de inculcar a sus alumnos objetivos y metas y cómo lograrlos y cumplirlos. El padre de familia tiene que hacer lo mismo.

2.- Debe entender el maestro que la disciplina no es uniforme, cada alumno tiene sus características y forma de trato. Igual sucede con los hijos, cada uno es diferente del otro y así es su respuesta. Jamás pueden haber respuestas uniformes.

3.- En el caso de problemas serios de conducta o aprendizaje, debe formar pequeños colectivos de apoyo: Los amigos solidarios que vienen a ser los guías y asesores del niño y/o joven en dificultad y planificar juntos la alternativa de solución, jugando dialogando y persuadiendo. Buscar también que nuestros hijos se apoyen unos a otros. Jamás desmerecer a uno y alabar al otro, se siembra la discordia. Los hijos lo captan fácilmente. Después estamos diciendo ¿Por qué se pelan tanto estos chicos? Son celos que nosotros mismos sembramos.

Entonces: La palabra clave es persuadir. En el caso de la escuela, se moviliza toda el aula y, cada logro debe ser celebrado con júbilo también por toda el aula. Al final vamos a tener estudiantes observadores y reflexivos y poco a poco vamos a lograr una disciplina consciente y democrática. La persuasión y la educación antes que la imposición. Es decir crear la necesidad de la disciplina y luego la autodisciplina.

Cierto nivel de severidad es necesaria algunas veces,
 pero como parte de la lección. Son los extremos: No es lo mismo decir por ejemplo ¡No lo hagas!, (con violencia y severidad), a decir, por favor no lo hagas, con firmeza y persuasión. Sancionar sin humillar también a veces se hace necesario. Siempre pensando en dar una lección y para corregir errores en forma consciente.

Publicado por Carlos Villacorta Valles en “Caoba C”

Print Friendly, PDF & Email
Similar posts

Deja un comentario

  • HALLOWNING
  • “Frente a los desastres de la guerra, nuestras propuestas de paz”
    Durante el curso 2016-17, el grupo de profesores de la asignatura de “Valores éticos” de 4º de la ESO participó en el proyecto intercentros  titulado: “Todo está grabado: los desastres de la guerra”. Para elaborar este proyecto, nuestros alumnos aportaron su particular visión de la guerra y sus propuestas de paz. Así, elaboraron poemas de […]